Tras el primer encuentro celebrado con familias el pasado 21 de noviembre, desde Fundación CIVES continuamos desarrollando en Guadalajara los Youth Policy Labs del proyecto europeo DIYW Road, esta vez con un grupo de adolescentes.
El taller se llevó a cabo en colaboración con Fundación Balia, integrando la dinámica en las clases de apoyo educativo que la entidad desarrolla en el IES Aguas Vivas. Participaron 14 estudiantes de 1º y 2º de ESO, procedentes de distintos centros educativos de Guadalajara.
La sesión contó con la participación de Paula Alvira, coordinadora del proyecto en CIVES; Marta Fernández, educadora del centro; y el sociólogo Álvaro Martínez, experto en juventud y coordinador del proyecto REEDI 3, impulsado por Liga Española de la Educación.
De la experiencia cotidiana a la recomendación política
Al igual que en el encuentro con familias, el objetivo no fue simplemente debatir sobre el uso del móvil, sino transformar experiencias reales en propuestas concretas de política pública. Desde el inicio se planteó el encuadre del laboratorio: “Hoy no solo vamos a opinar. Vamos a trabajar como asesores y asesoras de políticas públicas juveniles. Las ideas que construyáis pueden convertirse en recomendaciones reales.”
Durante 90 minutos, el grupo trabajó cuatro grandes ejes:
- Educación y uso del móvil en los centros
- Bienestar y salud mental
- Gobernanza digital y responsabilidad de las plataformas
- Sostenibilidad y digitalización
Estas reflexiones formarán parte del proceso de elaboración de recomendaciones nacionales y europeas que el proyecto integrará en el marco del Proceso de Bonn y la Agenda Europea de Trabajo Juvenil.
Una juventud más consciente y más regulacionista de lo que solemos pensar
Las conclusiones del taller rompieron varios estereotipos.
Conciencia clara sobre salud mental
El alumnado reconoció de forma directa efectos como ansiedad, presión estética, comparación constante y sensación de dependencia. No negaron los impactos de las redes sociales, sino que los describieron con naturalidad y sentido crítico.
Mayoría favorable a la regulación
Frente al imaginario de una juventud contraria a cualquier norma, una parte importante del grupo se mostró a favor de reforzar la regulación de las plataformas digitales.
Emergió además una diferencia interesante:
- Las chicas tendieron a posicionarse más claramente a favor de mayor regulación.
- Entre los chicos apareció con más frecuencia el “depende”, introduciendo matices.
Este contraste abrió un debate sobre cómo la experiencia digital puede vivirse de manera distinta según género.
Reducir el móvil no sería un drama
Una de las afirmaciones más significativas fue que no les molestaría abandonar parcialmente el móvil si existieran alternativas reales de ocio y encuentro. La reducción del uso no se percibió como una amenaza, sino como una posibilidad razonable.
Redes, familias migrantes y vínculos reales
Ante la hipótesis de crear una plataforma “solo para jóvenes”, la mayoría indicó que no lo consideraba necesario. Subrayaron que las redes no sustituyen sus relaciones presenciales ni sus conversaciones familiares.
En el caso de familias migrantes, señalaron además que las herramientas digitales cumplen una función clave de conexión con otros países y con familiares lejanos.
¿Pantallas más sostenibles que papel?
En el eje ambiental apareció una reflexión especialmente interesante: el discurso de que lo digital es automáticamente más sostenible que el papel parece haber calado, pero al profundizar surgieron dudas sobre:
- La duración real de los dispositivos
- La obsolescencia tecnológica
- El coste ambiental de la producción digital
- La dependencia de grandes corporaciones para el estudio
Esta mirada crítica conecta directamente con uno de los objetivos del proyecto: integrar la transformación digital en el trabajo juvenil desde una perspectiva democrática y sostenible.
Escuchar para construir política pública
Si el primer laboratorio permitió escuchar las preocupaciones y estrategias de las familias, este segundo encuentro aportó la perspectiva directa de quienes viven lo digital como parte estructural de su día a día.
El proceso confirma uno de los aprendizajes centrales del proyecto: la juventud no es un sujeto pasivo frente a la tecnología. Es capaz de identificar riesgos, proponer regulaciones y formular recomendaciones complejas cuando se le ofrece un espacio estructurado de participación. Como se señaló en el cierre: “La pregunta no es solo si prohibir o no el móvil. La pregunta es qué tipo de ciudadanía digital queremos construir.”
Las conclusiones de ambos talleres, con familias y con jóvenes, se integrarán en la elaboración de recomendaciones nacionales que posteriormente alimentarán el proceso europeo del proyecto durante este año.
Seguimos avanzando convencidas de que las políticas públicas digitales deben construirse con la juventud y las familias, no únicamente para ellas.