El pasado viernes 21 de noviembre, en el marco del proyecto europeo DIYW Road (Digital Youth Work Road), desde CIVES y en colaboración con la Liga Española de la Educación y la Cultura Popular (LEECP), desarrollamos uno de los primeros encuentros de los Laboratorios de Políticas de Trabajo Juvenil.
Esta etapa constituye un momento clave del proyecto, ya que abre un proceso creativo e inclusivo orientado a generar recomendaciones tanto para el nivel nacional como para el europeo, en diálogo con el llamado Proceso de Bonn y con las actuales políticas digitales en educación y trabajo juvenil.
Los laboratorios reunirán a jóvenes, especialistas en educación y personas expertas en políticas públicas con el objetivo de recoger experiencias reales y transformarlas en propuestas concretas, que serán trabajadas en nuestra próxima reunión internacional en marzo de 2026 en Sofía (Bulgaria), coordinada por uno de nuestros socios, Partners Bulgaria Foundation.
Un espacio de escucha con familias
En esta ocasión, el taller se llevó a cabo con familias de Fundación Balia (Guadalajara), entidad que acompaña a infancia y juventud en riesgo de exclusión y a sus familias. Participaron ocho mujeres, madres vinculadas a los programas de la entidad, con hijas e hijos de entre 6 y 25 años. El encuentro, de aproximadamente 1 hora y 45 minutos, contó con la participación de Marta Fernández (educadora del centro), Sara Hernández (Liga Española de la Educación) y Paula Alvira, coordinadora del proyecto en CIVES.
Tras una breve presentación del proyecto, abrimos la conversación preguntando por la experiencia digital en el hogar. Desde el inicio, las participantes marcaron una diferencia clara entre su propio uso de la tecnología y el de sus hijas e hijos. El taller no siguió un esquema rígido, fue, sobre todo, un espacio de relato y escucha: las familias compartieron experiencias, preocupaciones y estrategias en torno al uso de internet, redes sociales y dispositivos digitales.
¿Qué hacen y cómo lo hacen?
El dispositivo principal en todos los casos es el smartphone, y las aplicaciones más mencionadas fueron TikTok y YouTube. En varios casos, las madres reconocieron que dejan sus propios teléfonos a sus hijas e hijos.
El acceso al móvil responde, en muchos casos, a necesidades familiares concretas: jornadas laborales extensas, conciliación o la necesidad de confirmar que han llegado a casa con seguridad.
En cuanto a la mediación, predomina una combinación de vigilancia, control y acompañamiento. Varias participantes señalaron que la imposición de normas estrictas o castigos se produjo tras algún episodio problemático en casa:
problema → castigo → imposición de normas
Es decir, la regulación suele activarse de forma reactiva más que preventiva.
Preocupaciones compartidas
Entre las principales inquietudes destacaron:
- El uso continuo y obligatorio de lo digital en el ámbito académico. Cada centro aplica su propia política, y preocupa especialmente que deberes y estudio en casa se realicen exclusivamente a través de pantallas.
- La percepción de pérdida de habilidades asociadas al uso constante de herramientas digitales (autocorrectores, inteligencia artificial, consumo automático de redes ante el aburrimiento).
- La amplitud y rapidez de cambio del ecosistema digital, que genera preocupación, sensación de soledad y frustración en las familias a la hora de abordarlo.
Control y elección: dos ideas clave
Durante el taller reforzamos dos ideas centrales:
- Control. Aunque las familias no conozcan todas las aplicaciones o dispositivos, sí conservan la capacidad de establecer límites. Incluso cuando los menores intentan ocultar determinadas prácticas, existen formas de acompañar y reconducir.
- Elección. A partir del testimonio de una de las participantes, reflexionamos sobre la capacidad de decidir cuándo y por qué entrar en una red social. Recuperar la conciencia sobre la elección contribuye a reducir la sensación de descontrol.
Herramientas compartidas
Marta, educadora del centro, compartió algunos recursos prácticos que ya utilizan o conocen en el acompañamiento a las familias:
- Family Link, para establecer límites de tiempo y gestionar dispositivos.
- App Lock, para bloquear aplicaciones mediante PIN o huella digital.
- Una versión de “Estudio y Aprendo” vinculada al uso educativo de herramientas de inteligencia artificial.
De la experiencia a la política pública
Este laboratorio confirma uno de los ejes centrales del proyecto: la desigualdad digital no se limita al acceso a dispositivos, sino que se expresa en las oportunidades de aprendizaje, en las prácticas cotidianas y en las capacidades de acompañamiento.
Escuchar a las familias, especialmente en contextos de mayor vulnerabilidad, permite identificar necesidades reales: apoyo estructural a la mediación familiar, formación continua, políticas educativas coherentes en el uso de lo digital y marcos regulatorios que no descarguen toda la responsabilidad en los hogares.
Las conclusiones extraídas de este taller se integrarán en el proceso de elaboración de recomendaciones de política pública a nivel europeo y nacional, contribuyendo al debate en torno al Proceso de Bonn y a las futuras políticas digitales en educación y trabajo juvenil.
Seguimos avanzando en este proceso colectivo, convencidas de que las políticas públicas deben construirse desde la experiencia concreta de quienes viven lo digital en su día a día.